La inutilidad del trabajador

Existen los profesionales y después están los demás. Para definir a los demás os voy a contar tres microhistorias tan reales como la vida misma.

  1. Historia de un taxista. Una joven se sube a un taxi. Le indica la dirección al taxista. El taxista le pregunta: ¿Por dónde se va? Respuesta: Me orino y desorino. Pero usted ¿no ha tenido que aprenderse las calles de memoria? Está claro que le ha tocado la licencia en una tómbola junto con la Barbie y la Chochona. Y si no lo sabe alma de Dios, póngase el Tom Tom que lleva pegado con ventosa en el cristal.
  2. Historia de una dependienta. Dos jóvenes se adentran en una tienda mu cara de Valencia. (Quién quiera saber el nombre que pregunte) Una de ellas se prueba un vestido. Entra la dependienta y le espeta con una voz de pito chirriante “ciudadito con los anillos no le vayáis a hacer un 7 a la prenda”. Respuesta: Primero: Raquetasso en todo el cabezorro. Segundo: No llevamos anillo ninguna de las dos. Tercero: Huelga decir que la mamarrachada que acabas de soltar es del todo improcedente.
  3. Historia de una señorita de la limpieza. Un padre de familia entrevista a una señorita de la limpieza para que se haga cargo del cuidado de sus dos niños y de limpiar la casa. Ofrece un salario razonable.Señorita. “¿Y cuales sería mis laboras?”

    Padre de familia: “Principalmente los niños pero también recoger un poco la casa.”

    Señorita “Y eso, ¿no es mucho?”

    Padre de familia: “Gracias ya la llamaremos.”

    Respuesta: Si le parece a usted voy a tener una chica para cocinar, otra para limpiar, otra para cuidar de los niños, otra para planchar y otra para que llame al timbre. Anda ya.

Y me hago la siguiente reflexión. En esta particular coyuntura con más de 4 millones de parados, trabajar es un privilegio. Entiendo las circunstancias de explotación postmoderna y capitalistas, pero de ahí a tener horchata en las venas o cerito ganas de currar, hay un mundo.

Pero, ¡qué inútil es la gente! ¡Qué not chicha not lemonade! ¡Qué poquita vida le ponen al trabajo! ¡Qué manifiesta desidia! O eso, o siempre me toca el tonto.

En fin, a veces para convertirse en empleado del mes tan solo es necesario SONREIR.

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