Sentencias vitales

Qué jodido es estar jodido. Parece y es redundante, pero es una verdad como un camión de grande. Existen muchas maneras de confrontar los problemas. Hay tres que son las más habituales. La primera es darle vueltas y vueltas al coco.  Es el no-parar en el análisis de lo inanalizable; enfangarse en el barro una y otra vez como un cochino; darle el turrón (del duro, el de guirlache) a tu confesor o amigo estoico. Es un casete repetitivo con las actualizaciones diarias de la situación. La segunda es la que yo llamo “sentencias vitales”. Son una especie de memes filosóficos que, huyendo de las valoraciones subjetivas, sintetizan la solución más lógica y razonable o describen con precisión quirúrgica la situación que nos angustia. Algunos ejemplos de esta última: 1) Para quién rompe con una pareja tóxica: No hagas concesiones a quienes no tienen nada que dar, pero todo que ganar a tu lado 2) Para aquellos que he definido antes que le dan vueltas y vueltas al coco: Demasiado análisis crea parálisis. 3) Para quién  fracasa en algo: El fracaso es, a veces, más fructífero que el éxito.

Las “sentencias vitales” tienen sentido el algunos momentos, en otros, sólo resultan un consuelo fugaz. Y vuelta al casete y al turrón.

La tercera de las maneras de combatir la situación de estar jodido es la pragmática. Esto es: Si un problema tiene solución, no hace falta preocuparse. Si no tiene solución, preocuparse no sirve de nada. No sabían los chino ni ná; mira cuántos son y lo bien que se llevan.

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