La última confidencia del escritor Hugo Mendoza

La adjetivación de lo preciso. Las palabras nacaradas. Los diálogos mordaces y rápidos. La subjetividad. El varillaje de entramados unidos en un mismo ojo que forma un perfecto abanico que se despliega con delicadeza. La variedad y riqueza de personalidades. La promesa de más. La avidez del lector por descubrir.

Una historia policíaca, sin policías. De amor, sin amantes. Descripción quirúrgica que, en ocasiones, satura y en otras dibuja detalles para que el lector se adentre por completo en los distintos escenarios de pasión, acción, nostalgia y miedo que retrata el autor con excelente pluma.

Filigrana construyendo las distintas personalidades de la novela, hasta el punto de sentir, vivir y pensar como ellos; ser ellos, querer ser ellos, rechazarlos. Y en esto, de nuevo, vuelta a la adjetivación de lo preciso.

Entramados entrelazados que van hilando la acción. Mil historias en una. No hay bajadas, sólo subidas; el lector se convierte en un yonki cualquiera. Tiene mono de más.

Principio imposible (o casi). Final improbable (o casi).

Diálogos rápidos, perspicaces, cómicos. Muchas reflexiones. Sentencias vitales. Toca el corazón y el espíritu. No deja indiferente.

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Sentencias vitales

Qué jodido es estar jodido. Parece y es redundante, pero es una verdad como un camión de grande. Existen muchas maneras de confrontar los problemas. Hay tres que son las más habituales. La primera es darle vueltas y vueltas al coco.  Es el no-parar en el análisis de lo inanalizable; enfangarse en el barro una y otra vez como un cochino; darle el turrón (del duro, el de guirlache) a tu confesor o amigo estoico. Es un casete repetitivo con las actualizaciones diarias de la situación. La segunda es la que yo llamo “sentencias vitales”. Son una especie de memes filosóficos que, huyendo de las valoraciones subjetivas, sintetizan la solución más lógica y razonable o describen con precisión quirúrgica la situación que nos angustia. Algunos ejemplos de esta última: 1) Para quién rompe con una pareja tóxica: No hagas concesiones a quienes no tienen nada que dar, pero todo que ganar a tu lado 2) Para aquellos que he definido antes que le dan vueltas y vueltas al coco: Demasiado análisis crea parálisis. 3) Para quién  fracasa en algo: El fracaso es, a veces, más fructífero que el éxito.

Las “sentencias vitales” tienen sentido el algunos momentos, en otros, sólo resultan un consuelo fugaz. Y vuelta al casete y al turrón.

La tercera de las maneras de combatir la situación de estar jodido es la pragmática. Esto es: Si un problema tiene solución, no hace falta preocuparse. Si no tiene solución, preocuparse no sirve de nada. No sabían los chino ni ná; mira cuántos son y lo bien que se llevan.

¿Se puede?

Se va pudiendo que diría un chiste escatológico que algún día contaré.

tanto>da es el blog ‘personalísimo’ de una profesional de la comunicación que siente amor y respeto a partes iguales, por la escritura y la lectura.

Tan personal, tan personal, que haré todo lo estrictamente prohibido en un blog: hablar de lo que se me antoje, como se me antoje y cuando se me antoje. Mezclaré el tono personal con el narrativo. Las (ovejas) churras con las (ovejas) merinas. El hambre con las ganas de comer. Temática caleidoscópica. No es un blog filosófico, aunque caerán, seguro, algunas perlitas “estupendas” y sentencias vitales (ya os explicaré lo que son estas últimas en mi siguiente post).

Otearé la vida pasar desde mi cañonera protectora y me explayaré, tan a gusto. Porque tanto>da lo inexorable.

Gracias a la insistencia taladradora de tres gatos (Bubi, Pepi y Fuchi); sin vuestro machaque diario esto no sería real.